
En el continente americano, la expansión de las ciudades litorales o marítimas en estas últimas décadas, producto del crecimiento poblacional, ha contribuido a la casi extinción de los bosques de costas, quienes representan importantes ecosistemas que han servido de refugio seguro de una diversidad de fauna y flora. Progresivamente hemos venido arrinconando a estas fronteras verdes, hasta desaparecerlas en muchos casos. Lo que en el pasado significaban los grandes paraísos para innumerables especies, hoy han sido sustituidos por edificios, villas de casas o avenidas turísticas que bordean esas costas.
El presente artículo busca ilustrar al lector de manera breve y aspira a partir de este pequeño conocimiento sumarlo a la defensa de estas desprotegidas reservas naturales.
Estas comunidades forestales de los bosques de costas, son representadas fundamentalmente por manglares, bosques de playa, humedales y bosques ribereños, en la mayoría de los casos son los últimos pulmones y riñones que le quedan a muchas de esas ciudades en expansión. Condición de privilegio y a su vez desvalorizada, para quienes liderizan los planes de desarrollo urbano de esas localidades. Entramos al nuevo siglo con las mentes aun encasilladas en que el mundo es el lugar, solo de los humanos y que el resto de las especies son para apreciarlas en zoológicos o jardines botánicos, en el mejor de los casos. Es inaceptable pensar que nuestra llegada al mundo también le está quitando un espacio a otros seres.










