El Día Mundial del Ambiente, fue establecido como tal el 5 de junio de 1972 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, para marcar el inicio de la Conferencia de Estocolmo sobre el Ambiente. Aunque muchos activistas coinciden en que para quien trabaja arduamente por nuestro planeta todas las jornadas se celebran por igual, es oportuna la ocasión para dar un vistazo (a vuelo de pájaro) a cómo está el país y su agenda de asuntos por afrontar en la materia.
Si bien es cierto que hay muchos logros, en cuanto a lo que nos falta, los temas generales son la contaminación de las fuentes de agua, el desfase del mantenimiento de las plantas de tratamiento y potabilización, la poca atención a la supervisión de los niveles de contaminación química, la minería y la agricultura descontrolada que erosiona nuestros bosques, la carencia de un diseño urbanístico acorde con el crecimiento natural de la población, la poca atención a las advertencias y recomendaciones de expertos y organizaciones de amplia trayectoria y por ende el escaso apoyo a la investigación, el cerco económico a las organizaciones no gubernamentales, la desigualdad de la oferta en educación ambiental en todo el territorio, el escaso presupuesto nacional que se destina al sector, la falta de alineación entre gobiernos estatales y locales en cuanto a logro de objetivos que apunten al desarrollo sostenible, la inexistencia de un acuerdo de los medios de comunicación para desplegar grandes estrategias que apunten a un mayor compromiso de la población con el planeta en el que habita, la poca disposición a hacer cumplir las excelentes leyes que el país ha generado y por último, el poco interés de los protagonistas del quehacer político en el tema ambiental que innegablemente son los líderes de opinión de los venezolanos, muchos ya cercanos al proceso electoral (en octubre y en diciembre) que no han presentado sus líneas de acción nacionales y locales.