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| Aeropuerto de Sevilla |
No puedo negar que vivir en Sevilla es un privilegio. Por clima, por tamaño, por su historia, por su riqueza cultural, pero como en casi todas las ciudades, la contaminación urbana comienza a ser un verdadero problema. En el mes de abril que acabamos de pasar, hemos tenido días de lluvia sin parar, un sol y una temperatura que ha alcanzado los 36-37° y de nuevo a finales de mes, 15-16° de máxima. Todo ello acompañado de un importante tráfico de coches particulares que aunque controlado en las zonas céntricas de la ciudad y compitiendo con un extenso carril bici, supone una fuente de contaminación con efectos nocivos para nuestra salud.
La realidad es que los ciudadanos todavía no somos conscientes de la importancia que tiene para nuestra salud, la contaminación de las ciudades donde vivimos. En primer lugar, porque aunque la ciencia avanza en este campo, los resultados no siempre son contundentes y los científicos mostramos nuestro posible grado de error e incertidumbre. Y en segundo lugar, porque en estos momentos de crisis económica, los efectos de la contaminación pasan a ocupar un segundo plano tanto a nivel individual o familiar como a nivel institucional y de nuestros gobernantes.











