Es una práctica no tan antigua, se inició en los setenta en Estados Unidos. Es un proceso metodológico que busca la evaluación sistémica, documentada, periódica y objetiva de la gestión empresarial con relación al respeto al ambiente, medido éste con base en los estándares internacionales. Mediante esta revisión se pueden reducir los impactos ambientales, conocer y mejorar los procesos productivos, mejorar la utilización de los recursos, aumentar la calidad de los productos, aumentar el beneficio económico (una comercialización a tono con parámetros internacionales), facilitar la obtención de seguros, permisos, subvenciones, etc., mejorar el nivel de vida de los trabajadores y mejorar la calidad de vida del planeta.
Las razones para realizar una auditoría ambiental tienen que ver directamente con la exposición a la mirada pública. Sin duda, la sociedad ha cambiado y se ha vuelto más exigente al respecto, como consecuencia de la rapidez con la que llegan las informaciones y por ende los daños a la reputación de una empresa. Son esos los casos de los conocidos derrames petroleros que han sido origen de multas cuantiosas a multinacionales. Otra razón es la proliferación de los reglamentos ambientales a cumplir. Cada vez son más las leyes promulgadas con el fin de proteger el entorno y por tanto, se requiere constantemente de un proceso de supervisión y control de cumplimiento. Como tercera causa, está la necesidad de evitar ser sancionado. Las penalidades cada vez más elevadas generan esta necesidad de anticiparse, de prevenir futuras penalidades. Aunque el estado ideal es que cada empresa se revisara internamente en un acto de responsabilidad social y no por obligación.