7 de noviembre de 2014

Disruptores endocrinos: una contaminación invisible

disruptores endocrinos
Los envases de plástico deben ser sustituidos por los de vidrio. Foto: bio-salud.net
Todos los órganos de nuestro cuerpo están conectados a través de las hormonas, unos mediadores químicos que regulan múltiples funciones vitales, entre ellas, el crecimiento, el desarrollo sexual, la reproducción o la respuesta al estrés. Pero hay unas sustancias químicas, habitualmente producidas por el ser humano y presentes en el medio ambiente, que tienen la capacidad de alterar y producir cambios en el equilibrio hormonal, tanto en seres humanos como en animales: los disruptores endocrinos. Los cambios se producen porque estas sustancias, una vez que acceden a nuestro organismo, o bien simulan o bloquean la acción de nuestras hormonas, o bien aumentan o disminuyen sus niveles en sangre, generando mensajes confusos y produciendo diversas alteraciones en el funcionamiento normal de nuestros órganos. Dicho de otro modo, los disruptores endocrinos impiden la función de los mensajeros (las hormonas) o los suplantan, modificando y confundiendo la información de los mensajes necesarios para que los órganos estén comunicados y puedan regularse adecuadamente.



¿Dónde se encuentran y cuáles son estos disruptores endocrinos?
Los disruptores endocrinos se encuentran en muchos de los productos que utilizamos en el día a día, tratándose por tanto de una contaminación invisible que sufrimos de forma prácticamente inadvertida. Así, dependiendo de su naturaleza, pueden estar presentes en botellas y otros envases de plástico, revestimientos metálicos de latas de conservas, detergentes, comidas, juguetes, cosméticos y pesticidas. Entre las sustancias químicas artificiales que se han vertido al medio ambiente y que tienen potencial para perturbar el sistema endocrino de los animales y seres humanos se incluyen:
• Ciertas sustancias químicas industriales. Un ejemplo son las dioxinas y furanos, generados durante la producción de cloro y compuestos derivados, como el PVC, o los plaguicidas organoclorados y la incineración de residuos. Estudios recientes han demostrado que la exposición a las dioxinas puede ser peligrosas incluso en dosis ínfimas. Otras sustancias como los ftalatos están presentes en el poliestireno modificado y en el PVC, y se generan durante la degradación de ciertos detergentes. Están presentes en una gran variedad de productos de higiene personal (champús y lociones) y también son utilizados como excipientes en fármacos y suplementos dietéticos. Otro ejemplo son los policlorobifenilos (PCBs), que, aunque fueron prohibidos hace más de una década en la mayoría de los países industrializados, actualmente continúan en uso formando parte de transformadores u otros equipos eléctricos producidos en otras épocas. El bisfenol-A, de amplio uso en la industria agroalimentaria como recubrimiento interior de los envases (botellas y latas) y por parte de los dentistas (empastes dentarios), constituye otra fuente de disruptores endocrinos.
• Numerosos plaguicidas, algunos prohibidos y otros no, como el DDT y sus productos de degradación (con una acción parecida a la de las hormonas femeninas), o sustancias como el lindano, los piretroides sintéticos, y el metoxicloro, así como ciertos herbicidas y fungicidas (como el hexaclorobenceno, empleado para el tratamiento de semillas y como preservador de la madera).
• Ciertos metales pesados, como el mercurio.
 Contaminantes del aire, especialmente por ciertas sustancias como los hidrocarbonos policíclicos aromáticos que se vierten al aire por la combustión incompleta de combustibles fósiles, el humo del tabaco y otras materias orgánicas.
La exposición a estos disruptores endocrinos puede ocurrir tanto por contacto directo de la piel como mediante la ingestión de agua, comida o aire contaminados con estas sustancias a través de procesos de manufacturación industrial y/o la cremación de plásticos. Algunas, como hemos visto, incluso pueden filtrarse por contacto directo desde los plásticos que hacen de contenedor de agua o líquidos que posteriormente serán ingeridos.
¿Cómo evitar los efectos de los disruptores endocrinos?
Algunos consejos para limitar la exposición a los disruptores endocrinos en nuestro día a día son:
1. Evita los artículos hechos de policarbonato o cloruro de polivinilo, especialmente cuando están diseñados para almacenar alimentos o estén en contacto con niños pequeños. Es preferible utilizar botellas y envases de vidrio para almacenar las bebidas.
2. Evita alimentos envasados con film de PVC, y reduce el consumo de alimentos enlatados y comidas procesadas, consumiendo preferiblemente frutas y verduras frescas o congeladas.
3. Compra envases libres de ftalatos o bisfenol-A siempre que sea posible. Evita concretamente aquellos envases de plástico marcados en su base con los números 3 (PVC o vinilo), 6 (espuma de poliestireno) o 7 (algunos pueden contener bisfenol-A)
4. No calientes al microondas alimentos y bebidas en envases de plástico ni utilices este tipo de envases para contener líquidos calientes.
5. Lávate las manos con frecuencia, ya que en la vida diaria nos exponemos en muchas ocasiones a multitud de disruptores endocrinos. Por ejemplo, los recibos (tickets) utilizados en muchos supermercados y cajeros automáticos contienen altas concentraciones de bisfenol A, que pueden ser absorbidas por la piel.
6. Evita el uso de insecticidas en tu casa y alrededores.
7. No des a tus hijos juguetes o mordedores de plástico.
8. Amplía la información que tienes sobre los disruptores endocrinos y compártela con tu familia y amigos.
Para más información:
  • La Fundación Vivo Sano forma parte de la campaña europea www.edc-free-europe.org, en la que participan más de 30 organizaciones, para sensibilizar a los ciudadanos sobre los daños para la salud de los disruptores endocrinos, así como solicitar a las autoridades que tomen las medidas necesarias para eliminar estos contaminantes e incluye amplia información al respecto.
Referencias
  1. Diamanti-Kandarakis, E., Bourguignon, J.-P., Giudice, L. C., Hauser, R., Prins, G. S., Soto, A. M., Gore, A. C. (2009). Endocrine-disrupting chemicals: an Endocrine Society scientific statement.Endocrine Reviews30(4), 293–342. doi:10.1210/er.2009-0002
  2. Disruptores endocrinos. (n.d.). Retrieved September 11, 2014, from http://www.vivosano.org/es_ES/Información-para-tu-salud/Entorno-y-Medio-ambiente/  Mi-entorno/Disruptores-endocrinos.aspx
  3. Endocrine Disruptors | NRDC. (n.d.). Retrieved September 11, 2014, from http://www.nrdc.org/health/effects/qendoc.asp
  4. Meeker, J. D. (2012). Exposure to environmental endocrine disruptors and child development.Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine166(10), 952–8. Retrieved from http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23367522
  5. NIEHS Endocrine Disruptors fact sheet – endocrine_disruptors_508.pdf. (n.d.). Retrieved September 11, 2014, from https://www.niehs.nih.gov/health/materials/endocrine_disruptors_508.pdf

Publicado en fundrogertorne.org

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