6 de febrero de 2011

El cuestionable valor pedagógico y ecológico del foamy y del silicón


Cada día más escuelas se unen al vasto y pintoresco movimiento ecologista ciudadano, algunas de manera más comprometida o incluso radical que otras. Hay de todo un poco: campañas de reciclaje, separación de basura, brigadas de limpieza de los espacios públicos y privados, reforestación, parcelas de agricultura orgánica, visitas a granjas ecológicas y mucho más. Los niños se enteran desde muy pequeños que el comportamiento humano afecta profundamente el medio ambiente.

Uno de los temas sobre los que existe mayor conciencia es el problema de los residuos no biodegradables. Los niños saben que los plásticos suelen encontrarse en esta categoría. Igual que los adultos, afirman que “deberíamos usar menos plásticos” y muchos creen que el reciclaje de los mismos resolvería el problema. Como tantas veces, existe el riesgo de que nos contentemos con señalar a otros que deben tomar cartas en el asunto: los científicos, el gobierno y los empresarios, por ejemplo. Pero, mientras éstos se encargan de lo suyo, los invito a que visitemos el campo de trabajo de un grupo de arqueólogos en el año 2320, suponiendo con gran optimismo que la humanidad logrará sobrevivir hasta entonces.

¿Qué encontrarán estos investigadores en las ruinas de una escuela? Ya lo adivinaron ustedes: innumerables objetos de plástico. Muebles, recipientes, aparatos electrónicos, puertas, marcos de ventanas, juguetes. Objetos de uso cotidiano en las escuelas de los cuales es difícil prescindir. Es probable que pocos libros hayan sobrevivido. Pero ahí seguirán “como nuevos” dos testigos de la pedagogía del siglo XXI: montones de planillas de foamy y docenas de tubos de silicón.

LAS ESCUELAS CREAN SU PROPIO “VALLE DE SILICÓN”

El silicón se ha convertido en el pegamento favorito de muchas maestras de preescolar. Ya sea en su variante fría o caliente (para la cual es necesaria una “pistola” que se conecta a la corriente eléctrica), este pegamento se utiliza indiscriminadamente para reparar juguetes, crear disfraces, adornar las paredes con pósters o -¡claro!- figuritas de foamy, ensamblar de la nada regalos del día de la madre y pegar letreros en donde hagan falta.

Las tres grandes ventajas del silicón: seca rápidamente, es transparente y no es tóxico, características muy apreciadas en donde hay niños pequeños que demandan atención y cuidados. El gran problema con el silicón es que no es biodegradable y, en general, es utilizado conjuntamente con materiales plásticos no biodegradables.

ESPUMOSITO, ESPUMOSITO…

Encabeza la lista de dichos materiales el famoso “foami”, “foamy”, “fomi” o “fomy”. Lo he visto escrito de muchas maneras; “foamy” es la correcta, “foami” la más utilizada, que significa “espumosito” en inglés y se refiere a un material plástico de la familia de los poliutretanos. Se vende en planillas de diferente grosor y tamaño y es una especie de mezcla entre fieltro y plástico muy suave al tacto. Lo hay de todos los colores imaginables.

Entre las innegables virtudes de este gran invento están la flexibilidad, la variedad de colores y presentaciones, que aparentemente no es tóxico (no he podido encontrar evidencia confiable que avale esto), se recorta con facilidad, no se deshilacha y es resistente tanto al agua como a la saliva de los niños. Para las maestras es muy cómodo, fácil y rápido crear manualidades muy vistosas con foamy. Sólo que, igual que el silicón, seguirá en la faz de la Tierra por mucho tiempo.

LA PEDAGOGÍA DEL PLÁSTICO

Los jueguetes y materiales didácticos se volvieron mucho más vistosos a partir de que el uso del plástico se generalizara en todas las ramas industriales. Para efectos didácticos puede ser invaluable contar con una amplia gama de colores para fabricar átomos de plástico y armar moléculas con todos los elementos de la tabla periódica, por ejemplo. El plástico indudablemente ha contribuido a hacer muchas experiencias de aprendizaje más atractivas y divertidas.

Sin embargo, la cultura del plástico ha creado valores de dudoso valor, valga la redundancia. Uno es la inmediatez, la exigencia de que todo sea fácil y rápido. Quiero pegar mi letrero en la pared sin tener que usar clavos y martillo: ¡venga el silicón! Quiero que los niños hagan un regalo del día de las madres que luzca mcho sin que yo tenga que batallar para que recorten bien y sin que se ensucien con pegamento y pinturas: foamy y silicón, la mejor solución.

El segundo “anti-valor” que ha creado la cultura del plástico es el desdén por las cosas hechas a mano, con sus características asociadas de falta de perfección: la pintura chorreada, la manchita de pegamento, las puntadas hechas por una mano inexperta que está aprendiemdo a usar la aguja, etc. La maestra no puede mandar a casa una manualidad de este tipo si su colega del salón de junto está produciendo con sus niños creaciones que parecen haber salido del photoshop de un diseñador.

Y el tercer gran problema que veo cuando el plástico sustituye esa gama tan rica de materiales y experiencias para los niños es el empobrecimiento cultural, estético cognitivo y también de habilidades manuales (o psicomotrices, para que suene más contemporáneo e importante). Me cuesta trabajo imaginarlo, pero es cierto: millones de niños crecen sin conocer el engrudo, la cera de Campeche, las pinturas dactilares, los animalitos hechos con rollos de papel de baño, el papel lija, el barro, el hilo y la aguja… y esa satisfacción de haber creado algo de la nada, sin moldes prediseñados por la maestra para recortar, sin modelos de los personajes de Walt Disney y similares.

Ya sé, estoy exagerando un poco. En la vida de cada niño habrá algún adulto que le abra la puerta a un mundo diferente que el del plástico. Y no todas las escuelas sustituyen su caja de herramientas con una pistola de silicón y sendos tubitos del pegamento maravilla.

Por ALCALAB254 

1 comentario:

Nora Duarte dijo...

Muy buena la información, pero no me quedó claro si realmente es contaminante el foami, hay ambientalistas que cuestionan el uso de este material didáctico, pero no explican claramente porque es contaminante.

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